En la vida los
caminos se separan. Se entrecruzan, se mezclan, se reencuentran, se funden… y
finalmente siempre se separan.
De lo contrario
iríamos todos en la misma dirección. Y tendríamos el cuello girado hacia un
lado u otro, porque no podríamos sobrevivir sin perdernos en otros ojos.
Y no podemos.
¿No es acaso un
milagro? Entre todas las almas posibles, encontrarnos, tú y yo, sin importar el
tiempo. Y en este instante de coincidir me gusta la sensación de ser tu
paralela continua en la infinita curva de la vida.
Los caminos se
separan, inevitablemente. No me importa. Prefiero la certeza de que cada
segundo ganado a tu lado compensa.
Los caminos se
separan, sí, pero para hacerlo han tenido que coincidir.